sábado, septiembre 19, 2020
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Magdalena, tierra de desplazadas

Ellas padecen la violencia armada que se recicla cada año en Chiapas. Fotos, video y audios: Luis Enrique Aguilar

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Casas abandonadas y otras semihabitadas. Unas más, vestidas como trincheras porque las balas
con armas de alto calibre llegan no sólo a los patios, sino también a las paredes e incluso han
cruzado el umbral de las puertas. Ahí quedaron ya casi sin paredes ni techo, algunas, y en la
soledad sus enseres, en medio de las montañas de Los Altos de Chiapas que guardan la
tranquilidad para otras épocas.

Este es el paisaje que se devela en Xuxchen y Koko’, dos de las trece comunidades del Pueblo
Maya Tsotsil de Aldama, que han estado bajo asedio por grupos civiles armados de corte
paramilitar, procedentes de Chenalhó. Desolación en tierras de desplazadas.

Una de las problemáticas principales es que el desplazamiento forzado que enfrentan las familias
tsotsiles de Aldama es continuo; difícil de cuantificar. Esto implica que, dependiendo de la
frecuencia e intensidad de los ataques armados, la población abandona sus casas y después,
cuando baja el riesgo o aumenta el hambre, regresan a sus hogares. También hay quienes llevan
dos y hasta cuatro sin retornar.

 

 

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Algunas mujeres de Magdalena, como ancestralmente se llama este territorio, han desarraigado
su fogón de la cocina familiar para hacer las tortillas de manera colectiva en los espacios del
desplazamiento forzado y con ello resolver lo mínimo de comida para sus familias. En las canchas
de basquetbol y voleibol encuentran su refugio comunitario y minimizan el riesgo, alejadas de los
descampados.

La mayoría son mujeres y carecen de lo mínimo. En sus refugios, en lo profundo del monte, buscan
resguardarse de los disparos con armas de alto calibre que cruzan desde Santa Martha, Chenalhó.
Allí han tenido que lidiar con el horror, el hambre, la enfermedad y el frio, sin posibilidad de
escapatoria. Sus miradas se pierden en el horizonte. Sus rostros son de tristeza, cansancio, dolor y
rabia, pero también hay hombres. Todos, abrazan con el cuerpo de sus hijas e hijos el miedo.

 

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Hay familias que llevan más de una semana escondiéndose del horror entre la lluvia y las balas sin
tregua. Así desde hace más de dos años, de manera cíclica. Huyen para salvar sus vidas. Suelen
pasar horas y días, pero también hay familias, las más cercanas al río que las divide de sus
agresores, que desde marzo de 2018 no regresan a sus viviendas. El río, límite natural, tampoco es
garantía de salvaguarda. Han incursionado cada vez más cerca sembrando el terror, como en
Yetón el pasado 15 de agosto.

 

El peregrinar se inicia en la propia casa. Mancomunadas han adaptado espacios para protegerse
de los ataques armados, a veces en un cuarto o en la cocina. Han debido construir trincheras en
los patios para posponer la huida. Otras más, se mueven a otra comunidad, pero en ninguna de las
vecinas hay paz. Se desplazan a veces simultáneamente, a veces alternando el miedo. Esta
adversidad impacta de manera estructural su vida y cultura como Pueblos Originarios.

El sábado 22 de agosto, mujeres con sus hijas e hijos aún seguían escondidas en refugios
improvisados. A más de una semana no tienen seguridad porque, a pesar de la presencia de la
Guardia Nacional, la Policía Federal Preventiva y el Ejército mexicano, persisten los disparos, pan
de cada día en la región.

 

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Estas condiciones les impiden ejercer sus actividades cotidianas. Diversos ataques se han
registrado durante sus labores campesinas, por lo que tampoco tiene acceso pleno a sus tierras de
trabajo ni pueden dedicarse al comercio ni a ninguna otra actividad económica para obtener el
ingreso familiar; no pueden hacer la vida para vivir.

No hay lo suficiente en sus reservas de maíz y los cultivos de café también se han perdido. Se
avizora una mayor emergencia por carencia de alimentos, unida a una crisis humanitaria como
impacto del desplazamiento constante de esta población en trece comunidades de Aldama-
Magdalena.

 

Sin embargo, hay dignidad en la exigencia al Estado mexicano, aún indiferente a las condiciones
del desplazamiento forzado: Tenemos derecho de vivir en paz, pedimos a los tres niveles de
gobierno resuelvan este problema, pedimos al gobierno apoyos de primera necesidad: despensa,
zapatos, ropas, cobijas, detergentes… pero la ayuda humanitaria no llega. Impera el racismo y la
discriminación.

 

                   

En mayo de 2016 comenzó el desplazamiento forzado de población de Magdalena, provocado por
ataques de grupos civiles armados de corte paramilitar procedentes de Manuel Utrilla, Santa
Martha, municipio de Chenalhó. En esa fecha, 115 comuneros fueron despojados de sus tierras,
las 60 hectáreas que devienen en un conflicto ocasionado por la Secretaría de la Reforma Agraria
desde 1975.

Siete familias fueron desplazadas por un grupo armado que incursionó y las atacó. La agresión
consistió además en quema de casas, robos y destrucción de cultivos, entre otros delitos, todos
denunciados ante la Fiscalía General del Estado de Chiapas. Allí duermen las denuncias.
Desde hace cuatro años, las autoridades del gobierno de Chiapas no ejercieron acción penal-
desarme y detención- en contra del grupo invasor, y con ello dejaron crecer la violencia en esta
región de Los Altos de Chiapas. A partir de esa fecha, las detonaciones con armas de fuego desde
el interior de los predios despojados se han incrementado, hasta el ataque reciente del 1 al 17 de
agosto de 2020.

 

   

 

En febrero de 2018 escalaron los hostigamientos con el asedio a 5 comunidades: Tabak, Koko’,
Cotsilnam, Tselejpotobtik, Xchuch te’, Puente y la cabecera municipal de Aldama. El número de
personas en desplazamiento forzado fue aumentando hasta llegar a la cifra de 2.036 personas. Sin
embargo, los ataques en este mes escalaron y el número de desplazados es indeterminado. Se
trata de una huida en continuo para poner a salvo la existencia.

Ante la indolencia de los distintos niveles de gobierno en México, organizaciones de la Sociedad
Civil hacen llamados a construir un camino de paz y acompañar con ayuda humanitaria a la
población en desplazamiento forzado en los límites de Magdalena-Chenalhó, Chiapas.

Suma tu apoyo, firma la Acción Avaaz: Queremos a las desplazadas de Aldama en sus casas.

Ingresa a: https://bit.ly/3aUpsB3

Jobel, Chiapas, México.
25 de agosto de 2020

Fotos, video y audios: Luis Enrique Aguilar

Ruta 35
el autorRuta 35
Ruta 35 es un proyecto de periodismo de campo que combina investigación con datos y entrevistas, y narrativa escrita y en imágenes. Su objetivo es indagar a fondo historias específicas que expliquen por sí mismas realidades de América Latina complejas y controvertidas que merecen la atención de la opinión pública.

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