viernes, febrero 28, 2020
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Latinoamérica

En el corazón del poblado más pacífico de El Salvador

Texto: Nelson Rentería Fotos: Jose Cabezas

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SAN JOSÉ LAS FLORES – Poco antes de entrar en escena, Felipe Tobar afianza un cuaderno entre sus manos, camina hasta el micrófono principal y se acomoda la voz hasta afinarla porque en breve va cantar el corrido de una tragedia, la tragedia de la guerra en su pueblo.

Haciendo las veces de un juglar, este campesino de 67 años de edad, lleva anotadas todas sus memorias de los hechos que los habitantes del municipio de San José las Flores debieron sufrir antes de encontrar la paz, y con ello darle vida a su proyecto comunitario.

Tobar, un cantante aficionado que se ha hecho acompañar de una banda de música norteña, relata en cada estrofa los sucesos y los personajes, mientras que la audiencia lo escucha sentado en el parque central de la villa, que está celebrando el trigésimo tercer aniversario de su resurrección.

 

Asentado bajo las faldas de verdes cerros del departamento de Chalatenango, San José las Flores fue el escenario de masacres, bombardeos y ataques aéreos protagonizados por el Ejército en su intento por liquidar a la exguerrilla izquierdista del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) entre 1980 y 1992.

 

El Salvador sufrió una guerra civil durante 12 años que dejó un saldo de 75.000 muertes y 8.000 desaparecidos, según un informe de una comisión de las Naciones Unidas.

San José las Flores también tuvo sus víctimas. Tras varios días de escapar de los operativos castrenses por las lomas, en mayo de 1980, el Ejército salvadoreño localizó y masacró en las riveras del caudaloso Sumpul a unos 600 campesinos, entre ellos varias mujeres, niños y ancianos.

La masacre del Sumpul es una de las tantas que son atribuidas a la Fuerza Armada del país centroamericano, que en su ofensiva contra la guerrilla izquierdista, asesinó a centenares de personas, sin que los responsables hayan sido investigados y enjuiciados.

Dos años más tarde del exterminio en las cercanías del río, la Fuerza Armada lanzó otro operativo contrainsurgente en la zona. De acuerdo a los testigos, las casas del pueblo fueron incendiadas y derribadas por los soldados, por lo que los habitantes debieron abandonar por completo la localidad.

 

 

Fue hasta el 20 junio de 1986 cuando un grupo 26 familias de diferentes lugares de la zona norte del país, que también anduvieron huyendo de la violencia de la guerra por los montes, decidieron ocupar y repoblar el municipio de San José las Flores, bajo la tutela del entonces Arzobispo de San Salvador, monseñor Arturo Rivera y Damas.

Pese a que no eran dueños de las propiedades y los terrenos, los nuevos ocupantes comenzaron tareas de limpieza y de reconstrucción del pueblo.

Tras la firma de los Acuerdos de Paz en enero de 1992 entre el gobierno salvadoreño y el FMLN, los habitantes de las Flores debieron arreglar la situación jurídica de las propiedades y con ello iniciaron, a paso lento, la reconstrucción de su comunidad.

Apoyado por órdenes religiosas, como la Compañía de Jesús y las Hermanas de la Asunción, así como la cooperación internacional, este poblado, situado 88 kilómetros nordeste de la capital, se ha levantado de las cenizas hasta convertirse en un oasis de pacifismo, convivencia y tranquilidad.

 

 

ENTONCES, LLEGA LA CALMA

En el pequeño municipio habitan unas 1.500 personas. Sus calles son estrechas y luminosas, la mayoría de sus casas tienen variopintos colores en sus fachadas y poseen el techo de teja. En el centro del pueblo, sobresale una diminuta iglesia de color blanco y por el remozado parque deambulan niños y jóvenes sonriendo.

La mayoría de las familias se dedican a la agricultura, la ganadería, participan en pequeños comercios comunales o dependen de las remesas de dinero que reciben desde Estados Unidos.

A diferencia de otros lugares del territorio salvadoreño, donde se registran homicidios a diario y los cuerpos de seguridad del Estado libran una ofensiva contra las pandillas, llamadas “maras”, en San José las Flores, no se reporta un solo homicidio desde noviembre de 1996, según estadísticas de la policía.

Mantenerse en el primer lugar del lugar más seguro del país es todo un récord para una nación que figura en las listas de ranking más violentas del mundo.

En el pueblo, los comerciantes no son víctimas de robo o de extorsiones, las mujeres pueden transitar a cualquier hora de la noche, los jóvenes no son acosados por los pandilleros en la escuela o las canchas de fútbol y los hombres juegan a las cartas en las mesas del parque.

En las paredes de las casas y los negocios hay diferentes murales para concientizar a la comunidad sobre la importancia de proteger el agua, rechazar la extracción minera o para exaltar la participación de la mujer en la vida productiva, todo lo contrario, a otros lugares del país, donde las maras marcan su territorio y amenazan a las personas para que no denuncien sus actividades delictivas.

 

El Salvador atraviesa una ola de criminalidad y violencia, que entre enero y el 11 de junio ha dejado el saldo de 1.446 muertes, un 12 por ciento menos que el mismo período del año pasado, de acuerdo a estadísticas oficiales.

En 2018, El Salvador registró 51 homicidios por cada 100.000 habitantes, la segunda más alta de Latinoamérica, después de Venezuela, según Insight Crime, una fundación dedicada al estudio del crimen organizado.

Pese a que San José las Flores se ha consolidado como el municipio más seguro del país, en el departamento de Chalatenango hay otros cinco municipios vecinos que tienen similares características de tranquilidad y seguridad.

De acuerdo al jefe policial de la zona, el sargento Ernesto Molina, el éxito en la seguridad en el pueblo es por la organización de los ciudadanos, los jóvenes, que son allegados a sus familias y a los líderes, no tienen interés de ingresar a las pandillas y las personas no tienen temor de denunciar irregularidades.

“Es un municipio bastante sano”, dijo el sargento Molina.

Por ahora los casos que más preocupan a las autoridades es la violencia intrafamiliar, que entre 2018 y 2019 suman nueve casos.

 

AMISTOSOS Y DISCIPLINADOS

La unidad entre los habitantes les ha permitido crear una tienda, una sastrería, un comedor, una panadería y una farmacia comunal, en donde las personas que trabajan en los establecimientos se reparten las ganancias y dan un porcentaje a la alcaldía para desarrollar sus actividades de tipo social, que también incluye un proyecto de asilo.

“Aquí todos se preocupan por todos, por eso es tan característico. Si una familia tiene una dificultad nos solidarizamos con ella y apoyamos en todo en lo posible. La verdad es que vivir en las Flores es como vivir en una burbuja diferente a vivir en la ciudad”, dijo Elba Castaneda, una promotora social de 30 años.

En el municipio son amantes de las fiestas, bailan y cantan, sobre todo en las fechas cuando deben celebrar cada marzo a su patrono San José y el aniversario de la repoblación en junio, en la que destazan reses para repartirla entre todos los habitantes.

Además hacen representaciones teatrales con fusiles de madera y estallan fuegos pirotécnicos para recordar todos los retos que vivieron en el momento de la repoblación, el cual es cantado por Felipe Tobar a compás de música norteña.

 

POBREZA Y MIGRACIÓN

Sin embargo, pese a la tranquilidad y seguridad de la que gozan, la pobreza y la falta de oportunidades ha llevado a que al menos unas 200 de personas hayan emigrado a Estados Unidos Canadá, España o Italia.

“Al no haber muchas oportunidades de quedarse aquí, ni siquiera en el país, la migración en nuestro pueblo se da por buscar oportunidades de trabajar”, expresó la alcaldesa, Buenaventura Tobar Alcacer.

En la localidad se dedican al cultivo de maíz, pasto, la ganadería y desarrollar proyectos de rescate de la memoria histórica del conflicto armado, como un museo y paseos ecoturísticos en el río Sumpul.

En el parque central del municipio también exhiben un busto del guerrillero argentino Ernesto “Che” Guevara junto a varias piezas de artillería que fueron requisadas al Ejército.

Joel Monge, es un técnico en turismo de 20 años, pero trabaja con su padre en labores de agricultura. Debido al pasado histórico de su pueblo, tiene puestas sus esperanzas de desarrollo en el municipio.

“Yo siempre he dicho que aunque el municipio sea pequeño se puede sobrevivir con lo que hay aquí, yo nunca he pensado en ir para Estados Unidos, no ha pasado por mí mente. Tal vez becado, pero irme de indocumentado por ir a otra vida allá, prefiero estar con mi familia aquí”, dijo.

Estadísticas oficiales indican que 3 millones de salvadoreños residen y trabajan en los Estados Unidos y envían remesas de dinero a sus familiares en el país. Entre enero y abril, el país recibió un total 1,776.1 millones de dólares en concepto de remesas, un 3,9 por ciento más que el mismo período del año previo.

Juan Rivera, un granjero y agricultor de 24 años, ha desarrollado un proyecto de crianza de pollos y un cultivo de la planta comestible loroco para mantener a su pareja y su hijo menor de un año.

Rivera tienen la proyección de aumentar la crianza de pollos y darle empleo a otros amigos y vecinos para que no piensen en migrar.

“Lo que queremos es aumentar la producción y darle empleo a más personas. Sí vamos a tener más ganancia, unos centavitos, pero el punto es darle trabajo a más personas para que así no piensen irse para Estados Unidos”, dijo.

Y CON ESTA ME DESPIDO

Felipe Tobar ya ha completado su participación musical. En ella ha cantado y dejado constancia de la historia de San José las Flores, con el objetivo que los jóvenes conozcan el pasado trágico de su población y aprendan a valorar todos los costos que han debido pagar para alcanzar la paz.

La banda se calla y la audiencia aplaude. Tobar, ya más relajado, da media vuelta y se lleva su cuaderno y sus apuntes.

“Ese sufrimiento (de la guerra) nos ha servido para concientizarnos para ser personas de bien y de lucha por la justicia y buscando el bienestar de todos”, expresó Felipe Tobar, el veterano líder social de San José las Flores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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