viernes, diciembre 13, 2019
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La dignidad de Abel

Fotografía: Marcelo Garay | Ruta 35

Marcelo Garay | Ruta 35

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Abel Acuña, de 29 años, falleció a causa de un paro cardiorrespiratorio mientras participaba de las manifestaciones que han caracterizado el estallido social en Chile del último mes. Según testimonios y videos del momento de su muerte,  el viernes 15 la policía antidisturbios arremetió con chorros de agua y gases lacrimógenos, mientras el joven recibía atención médica para salvarle la vida, en la Plaza de la Dignidad. Hoy será sepultado.

 

 

En la periferia poniente de Santiago la mañana dominical se asoma caliente. A ratos,  algunas ráfagas de viento bajan desde la cordillera de la costa y dan tregua. Pero en la villa Los Héroes de Maipú esa pausa sabe agria, dolorosa, cargada de rabia e impotencia. En las calles y pasajes de ese barrio obrero, el nombre de Abel Acuña es ahora la melodía que mujeres, niños, jóvenes y no tanto, tararean con el pecho apretado y las miradas humedecidas.

En ese canto silencioso, ya todos saben que a Abel ya no lo veremos pasar. Que la camiseta azul del equipo de sus amores yacerá por ahora al pie de un lienzo en el que los suyos han prometido no olvidarlo. Y en la pequeña plaza donde Abel soñó amores infinitos, vecinos, amigos y camaradas de la hinchada de la Universidad de Chile, y también del Colo Colo, se han congregado para saludarle por última vez. Reunidos allí, esperan la llegada de la carroza mortuoria que traerá a Abel. El aliento de los barrabravas, chunchos y garreros, ahora clama justicia y bombea desagarro.

 

 

No hay consuelo.  Se respira bronca, desazón, rabia. Una bronca que se escribe con perdigones en el cuerpo de un joven que estuvo  junto Abel la tarde noche del viernes 15 en la Plaza de la Dignidad (ex Plaza Italia). El muchacho los exhibe sin dejar de maldecir a la policía.

Y lo dice seguro. Él sabe que cuando Abel debió ser asistido por los médicos luego de sufrir el paro cardiorrespiratorio, las Fuerzas Especiales de Carabineros no dejaron de lanzarles chorros de agua ni gas lacrimógeno. Sabe que Abel no cayó desde lo alto del monumento. Lo sabe, lo vio, lo vivió. Lo grabó a sangre en su memoria.

 

 

 

La furia de Caín

La espera se hace larga, pero no amilana a la gente. En el frontis de la casa de Abel hay banderas de la U y una fotografía en la que luce alegre. Tras él, la mar. Desde el interior, el llanto desagarrado de su madre riza la piel. A sus 29 años, Abel visualizaba ya algunos proyectos, luego de terminar sus estudios, me dice un amigo. Pero eso quedó truncado. Y eso, ha calado profundo los corazones del barrio donde el ‘Abelito’ hoy ha dejado huella de dignidad.

 

 

Pero la tarde de este domingo caliente recién comienza a esculpir la huella de un muchacho al que todos querían allí en la villa. El canto de sus camaradas de hinchada, los aplausos, el llanto desconsolado de sus vecinos y amigos hacen tronar ese cariño en los cielos. “¡Abel, Abel querido, Los de Abajo, jamás te olvidarán…!”, cantan imparables.

Juntos, más unidos que nunca, ahogan la rabia y la tristeza. Unidos como un solo gigante, azules y colocolinos se agrupan en asamblea para informar detalles de la llegada del cortejo. Está escrito que “ahora no hay colores, somos todos y estamos todos por Abel”, dice uno. Todos asienten, se abrazan. Y así, mancomunados por la dignidad que Abel defendió hasta su último aliento, recibirán con vítores al compañero caído.

Luego se sumarán muchas y muchos. La plaza del barrio se iluminará con bengalas y un manto de velas encendidas cobijará ahora la camiseta azul que Abel vistió. La tenue luminosidad de los cirios dejará asomar la sentencia de que “sin justicia no habrá paz”.

 

 

Allí en la villa Los Héroes quedará escrito. Allí, en esa plaza donde Abel soñó amores infinitos, los niños, sonrientes y juguetones, son la certeza de que la vida volverá a imponerse. De que, Abel se quedará hecho un aroma de dignidad. La misma que él y muchos seguirán queriendo que se haga una costumbre. Como el pequeño Tomás, de 7 años, que junto a su padre ha venido en su bicicleta para despedir a Abel.

Sí, es cierto, a Abel no volveremos a verlo. Pero también es cierto que todos sabemos quién fue Caín en esta vuelta.

Ruta 35
el autorRuta 35
Ruta 35 es un proyecto de periodismo de campo que combina investigación con datos y entrevistas, y narrativa escrita y en imágenes. Su objetivo es indagar a fondo historias específicas que expliquen por sí mismas realidades de América Latina complejas y controvertidas que merecen la atención de la opinión pública.

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