viernes, diciembre 13, 2019
editor@ruta-35.com
coberturasLatinoaméricaNoticias

Chile: la paz de la casta política, en la calle se escribió con sangre y plomo

Fotografía: Valeria Alessandrini | AFI Woman | Ruta 35

Marcelo Garay | Ruta 35

Visitas

Una nueva jornada manifestaciones callejeras en distintas ciudades del país terminó con un joven fallecido en Santiago, decenas de detenidos y heridos, luego de que el Gobierno, parlamentarios y partidos políticos acordaran una propuesta para cambiar la Constitución, que no responde a las demandas de la gente.

Mientras el Gobierno de Sebastián Piñera, parlamentarios y partidos políticos sacaban cuentas alegres por haber alcanzado (la noche del jueves) un acuerdo para una nueva Constitución y hasta el cuestionado mandatario lució sonriente al llegar al palacio de La Moneda, en las calles el descontento no se extinguió.

El pacto que la casta política y el Gobierno concretaron entre cuatro paredes y que fue enarbolado (con bombos y platillos) como una propuesta para la paz social, no hizo sentido en las calles. En ferias libres, autobuses y espacios públicos la propuesta para promover una nueva Carta Magna más pareció una burla y la protesta se hizo sentir a poco andar de la jornada, en la capital y otras ciudades del norte y el sur del país.

Cuando se cumplía la cuarta semana, la protesta y el malestar de las chilenas y los chilenos tuvieron la misma respuesta: chorros de agua, gas lacrimógeno, balines de goma y perdigones de plomo. Al final del día, la apuesta del Gobierno, parlamentarios y partidos políticos, en las calles se escribió con sangre y el único ‘humo’ blanco que vio la gente fue el del carro lanza gases, el “zorrillo”, como lo llaman en Chile.

Fotografías:

Valeria Alessandrini AFI Woman – Marcelo Garay – Bastián Cifuentes Araya

 

 

La batalla por la Dignidad

Este viernes la rotonda central de explanada de la Plaza Italia, bautizada y llamada ahora Plaza de Dignidad, amaneció cubierta por mantos blancos y la leyenda “PAZ”, que caía de los pies del monumento del general Manuel Baquedano, uno que en vida sí supo de reprimir revueltas, entre ellas las encabezadas por caciques mapuche en la segunda mitad del Siglo XIX, durante la llamada “Pacificación de la Araucanía”.

Pero esa presunta paz solo quedó en esa leyenda. El sol picaba fuerte en Santiago y, como ha venido siendo la tónica desde hace un mes, cientos de personas enrumbaron hasta el centro de Santiago para hacerse parte de distintas manifestaciones convocadas para rechazar el acuerdo alcanzado en la víspera en los salones del ex Congreso Nacional. Similar cosa comenzaba a ocurrir en Valparaíso, Concepción y otras ciudades chilenas.

La sofocante temperatura no amilanó a la gente. Ya pasadas las 16:00 horas, una masa de manifestantes arremete desde el puente Pio Nono, sobre el río Mapocho, hace salir a casi un centenar de policías  de Fuerzas Especiales que custodiaban la explanada, y recupera la Plaza de la Dignidad.

Se reanudan los cantos, las danzas, asoman nuevamente las banderas, los carteles que exigen la renuncia de Piñera. El pesante gas lacrimógeno que inunda el ambiente no consigue ahogar la rabia que muchos vienen expresando allí desde el día uno. Tampoco la originalidad con que mucho han venido haciendo visible el descontento y las demandas. Todos allí, se han hecho eco de lo que pasado el mediodía una mujer ha gritado, megáfono en mano, parada al costado de su automóvil: “¡no entreguemos la calle!

La concentración en la plaza nuevamente es reprimida. La policía apuesta al formato ya conocido. Chorros de agua, gases y escopetazos de perdigones contra la ya afamada “Primera Línea”, allí donde se vienen dando cita muchas y muchos para ir de frente contra la policía, a torso desnudo, rostros cubiertos y hechos de escudos que ya poco tienen de improvisados y hasta portan consigo el retrato de los asesinados durante la revuelta.

La policía consigue los suyo y logra hacerse del control de la Plaza de la Dignidad. Varios pelotones circundan la rotonda central y el monumento, mientras los carros blindados merodean y arremeten contra los manifestantes, que no retroceden más de 80 metros.

“¡Hace calor, cabros, qué chucha importa el guanaco!”, grita un joven que cubre su rostro con una bandera mapuche y agita sus brazos para conminar al avance.

La arenga cala hondo en los corazones y la muchachada avanza en medio de los gases y los perdigones. El reloj de la torre de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile marca las 18:25 y la (plaza) Dignidad ha sido recuperada.

Son cientos los que comienzan a agruparse al son de una banda de bronces que interpreta “El Derecho de vivir en paz”, de Víctor Jara. El aire se hace irrespirable, pero el rocío de agua con bicarbonato que siempre alguien brinda, ayuda. Vuelven los cantos, las consignas, los abrazos de quienes se encuentran y también los comentarios de rechazo a la jugada que han hecho el Gobierno y los políticos sobre una nueva Constitución.

La “Primera Línea” ya se ha instalado en calle Irene Morales y en Vicuña Mackenna con el pasaje que lleva el nombre Carabineros de Chile. Cientos de piedras impactan los carros blindados. La policía responde con chorros de agua que encubren las descargas de escopetas y bombas lacrimógenas. Una seguidilla de cócteles Molotov provoca la algarabía de la masa allí concentrada.

 

 

La escena se repite frente al monumento de la policía, resguardado casi por un ejército y un cerco de rejas. Piedras y artefactos incendiarios caen sobre la estructura de mármol y los antimotines. El ruido de las descargas de escopetas parece interminable. El picoteo de perdigones en los improvisados escudos de zinc o madera se vuelve una melodía surrealista, pero son reales. Guata al suelo, manifestantes y reporteros gráficos intentan no ser alcanzados. Algunos sin éxito.

La arremetida policial es cuestión de tiempo, y así ocurre. Al menos con la masa que se concentra en la Alameda hacia el poniente. En la Plaza de la Dignidad miles se mantienen en una noche que se ilumina de fuegos artificiales y el destello de luces láser que se han hecho populares y record de venta en estas semanas de estallido social.

“No estamos celebrando, estamos expresando nuestro descontento, porque quieren burlarse de nosotros con una idea de nueva Constitución que quieren cocinar ellos. No nos van a hacer huevones otra vez”, dice una muchacha.

La represión policial no cesa. En la plaza de la Dignidad no cabe la paz solo escrita en un manto blanco. Y así quedará de manifiesto cuando, pasadas las 21:00 horas, un hombre de unos treinta años, se desvanece y debe ser asistido por un paro cardiorrespiratorio. Voluntarios y médicos intentan estabilizarlo, cubiertos por un grupo de escuderos, pero el esfuerzo es infructuoso.

 

La policía no desiste de lanzarles gases y chorros de agua, pese a los gritos de detenerse, de que allí hay un herido que no sobrevivirá. Se cumplía el día 29 de protestas en Chile y un hombre de 29 años se sumaba a la lista de muertos, a manos de un Gobierno que antes de escribir paz prefirió declarar una guerra de gases, lumazos, perdigones y balines “acotados”, contra a una multitud que quiere tomar sus propias decisiones.

 

 

Ruta 35
el autorRuta 35
Ruta 35 es un proyecto de periodismo de campo que combina investigación con datos y entrevistas, y narrativa escrita y en imágenes. Su objetivo es indagar a fondo historias específicas que expliquen por sí mismas realidades de América Latina complejas y controvertidas que merecen la atención de la opinión pública.

Deja un comentario

error: Content is protected !!
A %d blogueros les gusta esto: