viernes, diciembre 13, 2019
editor@ruta-35.com
coberturasFotoreportajeLatinoaméricaNoticias

Estallido social: rabia y descontento sin tregua en las calles chilenas

Marcelo Garay | Ruta 35

Visitas

Mientras el Gobierno de Sebastián Piñera y la clase política en toda su expresión no logran echar mano a las soluciones que reclaman la gente, chilenas y chilenos han continuado en las calles tras 21 días de protestas.

Los chilenos salieron en masa a las calles para participar de la llamada “Gran Marcha de Chile”, manifestación que solo en Santiago reunió a casi un millón de personas y que terminó con varios centenares de arrestados e innumerables heridos por perdigones de plomo y balines de goma disparados por la policía.

Pasadas las 17:00 horas de este viernes, mientras miles marchaban por la Alameda de Santiago, en la Plaza Italia -ícono de las protestas en la capital chilena-, centenares de jóvenes se enfrentaban con la policía antidisturbios al grito de los “All Black”.

 

 

Provistos de máscaras, encapuchados con poleras y a torso descubierto avanzaban al son de un “¡Uh, uh, uh…!”, agazapados tras escudos improvisados a base de latones de zinc, señaléticas de tránsito o platos de las antenas de telecomunicaciones, para evitar las lacrimógenas, perdigones y balines de la policía.

La escena de ese campo de batalla en que se ha convertido por estos días la calle Vicuña Mackenna, a metros de la Plaza Italia, se repetía un par de cuadras al poniente, a un costado del Hotel Crown Plaza (hoy convertido en un fantasma de cemento).

A su turno, cientos de jóvenes respondían con piedras y adoquines arrancados a punta de martillos de la explanada hacia el interior de la hoy clausurada estación Baquedano del Metro de Santiago, en cuyo principal acceso asomaban cañones de escopeta con descargas ruidosas e interminables.

Abrazos y aplausos para los “chicos buenos”

Mientras unos hacían frente a las arremetidas policiales al pie de barricadas, otros marchantes corrían para lograr acercarse a la Plaza Italia, donde varios miles de personas exhibían letreros y pancartas, coreaban el himno del “Pueblo unido” y un grupo de actores homenajeaba a los muertos y desaparecidos de octubre, al pie del monumento a Manuel Rodríguez.

En medio de esa trifulca alucinante que dibuja la tarde de viernes en la capital chilena, un carro bomberil llega hasta la esquina de Alameda con Vicuña Mackenna para atender un amago de incendio en un local comercial que no pasa de eso. Los vítores de apoyo a los “chicos buenos”, como llaman a los Bomberos en Chile, no se dejan esperar. Aplausos y el emocionado abrazo de un joven manifestante marcan la despedida de los voluntarios. A dos cuadras de allí, las escaramuzas no paran.

 

 

Las arremetidas de los carros antidisturbios se hacen más intensas y la Alameda de las Delicias se vuelve irrespirable. Cientos de jóvenes no dan tregua y hostigan a un pelotón de antimotines que resguarda el monumento a la policía chilena, un número 11 de concreto revestido de mármol verde que alude al Golpe Militar que derrocó a Allende el ’73.

Ya comienza a anochecer y la policía arremete con todo allí en la principal avenida de Santiago. Tablas, latas, lavaplatos y cartones ayudan a protegerse, pero igual son varios los alcanzados en piernas, brazos y cabezas por una lluvia de balines y perdigones que parece interminable. “¡Asesinos, asesinos…!”, desagarra las gargantas.

La protesta se va extendiendo

Las escaramuzas comienzan a disgregarse por el centro de Santiago. Los capitalinos apenas saben que lo mismo ha venido ocurriendo durante la jornada en otras ciudades, pueblos y localidades de todo el país, donde la represión de las protestas ha tenido lo propio tras 21 días de un estallido social que, a estas alturas, es contra el Gobierno de Sebastián Piñera y el modelo de desarrollo de las últimas tres décadas.

El centro de la capital chilena comienza a desocuparse. La Alameda se ve estremecida. Un muchacho luce dos impactos de perdigones en su pierna mientras camina de regreso a su hogar. En las cercanías de la Biblioteca Nacional, un grupo de jóvenes canta a Víctor Jara, grita consignas contra la policía y Piñera, mientras dejan avanzar los vehículos, solo sí sus conductores descienden y bailan junto a ellos.

 

 

“¡El que no baila no pasa, el que no baila no pasa!”, es aceptado por un par de taxistas y otros conductores de vehículos particulares. Tras media hora de jolgorio y desahogo, un carro policial aparece raudo y amaga con embestir a la muchachada. Luego será el turno de un carro lanza-gases (el zorrillo). Varias descargas de escopeta, hieren a un linyera haraposo y desgreñado que por techo sólo conoce estrellas. Un tabique a la altura del muslo izquierdo frena el sangramiento. Una ambulancia lo conducirá más tarde hasta un centro médico.

Las manifestaciones continúan en la periferia del Gran Santiago. En las poblaciones la gente ha dado vida a distintas actividades para expresar su descontento. Por las noches, los enfrentamientos con la policía han sido la tónica de estas tres semanas.

Pero la protesta social ha comenzado a moverse hacia los barrios acomodados. Ya parida la noche de este viernes algunos reportes daban cuenta de desórdenes en varias calles de la zona oriente de Santiago, allí donde se expresa a concho e inequívoco el Chile de la injusticia social.

Ya en la víspera de la tercera “Gran Marcha de Chile”, el miércoles y el jueves las protestas en la calles se movieron hacia los barrios acomodados y “dieron un descanso” a la Plaza Italia.  Y viene al caso recalcarlo, porque la explanada, que en estricto rigor es la Plaza Baquedano, es ése ese punto neurálgico de la ciudad en el que por estos días de convulsión se han dibujados nuevas postales: las del descontento y de las exigencia de justicia y dignidad.

Allí, los chilenos y chilenas por años se han dado cita para celebrar triunfos deportivos, victorias electorales… y hasta la muerte de Pinochet. Porque Plaza Italia es también, históricamente, esa frontera entre el Santiago de los pobres y el de los ricos. El “borderline” del Santiago de los que sobran y el de los privilegiados. Ese confín urbano donde todo confluye y se disgrega según sea el autobús que te sirva, pese a estar cubierto hoy por una alfombra blanquecina y lacrimógena.

Fotografías:

Claudio Caiozzi – Marcelo Garay – AFI Woman – Adriana Thomasa – Hans Scott 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ruta 35
el autorRuta 35
Ruta 35 es un proyecto de periodismo de campo que combina investigación con datos y entrevistas, y narrativa escrita y en imágenes. Su objetivo es indagar a fondo historias específicas que expliquen por sí mismas realidades de América Latina complejas y controvertidas que merecen la atención de la opinión pública.
error: Content is protected !!
A %d blogueros les gusta esto: