México: El Zapote, una comunidad marginal de la serranía de Veracruz, es el escenario de violencia contra mujeres y rechazo a sus hijos en escuelas públicas por no poder acreditar sus identidades. No tienen papeles legales y son, en la práctica, niños “sin nacionalidad”. Una organización enfrentó el flagelo creando una escuela. Regalando educación.

Texto: Rodrigo Soberanes

Fotos: Arael Morales

Veracruz, México.- Niños indígenas sin identidad ni educación se encontraban a la deriva en la zona centro de Veracruz, al este de México. Más de 50 de ellos no tenían forma de acreditar su nacionalidad por falta de recursos económicos de sus padres.

La situación de los menores de edad de la comunidad El Zapote, municipio de La Perlita, fue descubierta a raíz de un caso de violencia de género grave que atrajo a una organización civil a ese lugar.

“Conocimos El Zapote porque una mujer de ahí llegó al colectivo con dos machetazos y el cabello cortado de un tajo. Ella pudo escapar con el bebé en brazos que tenía seis meses”. Es el testimonio de Arlette Cerón Vargas, integrante del Colectivo Cihuatlahtolli y cofundadora de La Escuelita del Zapote, donde 60 niños toman clases de preescolar y primaria desde hace dos años.

“Nos contaba que generalmente los sábados se escuchaban gritos en la comunidad, que era cuando los maridos llegaban de cobrar más alcoholizados de lo acostumbrado”, contó la profesora.

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Del contacto con las mujeres maltratadas salió a la luz la circunstancia de más de 50 niños sin registro oficial de su existencia por no tener dinero para sacar una acta de nacimiento.

“A partir de ahí nos percatamos que las niñas y los niños en El Zapote no existen, no tienen esos documentos que los avalen como mexicanos o mexicanas”, siguió Arlette Cerón.

La falta de ese papel, de un comprobante de identidad, hacía que los rechacen en  las escuelas de su comunidad, según contó Fausta Basilio Hernández, madre de cinco niños y con tres de ellos ahora estudiando en La Escuelita del Zapote.

Arlette Cerón inició La Escuelita junto a los activistas Jairo Guarneros y Arael Morales, ambos adherentes de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona del EZLN en una pequeña casa con paredes de madera, techo de lámina y piso de tierra.

La Escuelita del Zapote tiene un salón: un cuarto prestado por un habitante de la comunidad. Sus alumnos ya tienen calzado, cuadernos, sillas, mesas, desde 2011. Ahí, con los recursos limitados, aceptan a niños que no pudieron entrar a la escuela pública, ya sea porque no tienen papeles o porque una vez que los tienen, sobrepasan la edad para su admisión.

“Primero no tenían acta de nacimiento y por eso no los metí al kínder, y no me los agarraron, luego las saqué y quise meterlos a la primaria pero ya no me los agarraron en la primaria”, dijo Fausta Basilio desde su comunidad.

Así, hace tres noviembres comenzó el proyecto de una escuela comunitaria que le da clases los sábados a un grupo de tres a cinco años (preescolar) y a otro de seis a 15 años (primaria).

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“Los apuntamos en La Escuelita, no nos pidieron nada. Una ya conoce las letras, ya empieza a deletrear. Quisiéramos que nuestros niños aprendieran. Paulina, Mariana y Rosa Isela son mis hijas que van a La Escuelita”, dijo Fausta Basilio.

“Mi hijo su nombre ya bien que lo pone, con sus apellidos y los nombres de sus hermanos. Hay varios niños que no los agarraron en la escuela porque como no tuvieron kínder, ya no los agarraron, ya ve que a aquí varios dicen que no tenían actas”, dijo María Rosa Gallardo, con dos de sus hijos estudiando en La Escuelita.

La Perlita está a unos 45 minutos de camino de Orizaba. De hecho, sólo el municipio de Mariano Escobedo lo separa de uno de los polos de desarrollo del estado. El contraste social entre un lugar y otro es notable. También es una región azotada por la delincuencia organizada.

A la par del proyecto de La Escuelita, más de 50 mujeres que viven en situación de violencia dentro de sus casas y en condiciones de pobreza reciben tratamiento físico, psicológico y reciben información sobre sus derechos humanos y proyectos productivos.

“En el colectivo, junto con otro compañero del D.F., Arael Morales y Jairo Guarneros, comenzamos el proyecto de alfabetización del Zapote (…) No nada más es La Escuelita como tal, hay organización con mujeres sobre derechos humanos y proyectos productivos. Ahora son como 60 compañeras”, explicó Arlette Cerón.

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“Los reyes magos ya se saben el camino”

A inicios de enero, cada año, Arael Morales llega a El Zapote con el acopio de juguetes, útiles escolares y ropa que realizó en el centro de la Ciudad de México. Lo ayudan los integrantes de la banda Panteón Rococó.

“Los Reyes Magos ya se saben el camino”, dijo Jairo Guarneros, quien recibe a los visitantes que llegan desde la Ciudad de México y los lleva a la sierra, al Zapote.

Cada que llega enero, unos 200 niños esperan impacientes la entrega de juguetes, comida, ropa y útiles escolares.  Llegan atropellándose desde las comunidades aledañas para que les toque recibir lo suyo.

Por lazos de conocidos, Panteón Rococó supo del activista -Arael Morales- que se instalaba en puntos de la ciudad para hacer él mismo las colectas, incluso bajo el hostigamiento de la policía, contó Francisco González Barajas, músico de la banda.

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“Le comenté a los compañeros de la banda y empezamos a interesarnos más y más”, contó Paco Barajas desde El Zapote, mientras los niños y sus mamás se formaban para recibir todo lo acopiado y traído en una camioneta desde la capital del país.

“Sí nos gusta apoyar cosas y sobre todo a gente a la que le puedes tener confianza (…) Nuestra banda surgió en el 94, con el movimiento zapatista. Ellos nos vinieron abrir una visión de un mundo que ni siquiera entendíamos”, expresó Paco Barajas, agregando:

“Tratamos de ayudar. Decir `vamos a salvar a Acapulco o a Veracruz o al país´ es una estupidez porque viene uno a aprender muchas cosas. Regresas a tu casa y te das cuenta de que te dieron mucho más de lo que tu das”.

-¿Qué te llevas de aquí?

“Mucha enseñanza, en primer lugar de cómo está el país. Me gusta venir con mis hijos y que vean cómo están las cosas. Y muchas ganas de tratar de ayudar un poquito más. Ser solidarios, somos iguales, aquí venimos a ayudarnos entre iguales.

No es que vengamos desde el espacio y traigamos una nave con 10 mil juguetes. No, en realidad venimos con lo poco que podemos. Me di cuenta, por ejemplo, con los zapatistas, que eso se regresa y se regresa por mil.

Estamos viendo lo que está pasando en las escuelitas zapatistas, todo lo que está pasando en Chiapas, que mucha gente cree que está apagado y no, eso es otro mundo y es el ejemplo”.

La banda utilizó su cuenta de Facebook Ejército Panteón Rococó para ayudar a recaudar donativos.

“Esperemos organizarnos chido para el año que entra venir con más cosas y más personas a que vean esto. Que sea una semillita en la región”, concluyó Paco Barajas.

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