En El Alfalfal, un pequeño poblado del Cajón del Maipo, camino hacia la cordillera de Los Andes, está la escenificación de la polémica social por el proyecto hidroeléctrico Alto Maipo, que tiene un avance del 27% y enfrenta un recurso de protección en la Corte Suprema. Las casas de los habitantes de este lugar quedaron entre una muralla que supuestamente los aisla del ruido y la contaminación, pero los testimonios y las escenas de los pobladores encerrados narran una historia de desesperación y promesas incumplidas.

Texto: Rodrigo Soberanes

Fotos: Andrés Pérez Cuenca

Para revisar la galería de fotografías completa -> Fotoreportaje: Proyecto hidroeléctrico Alto Maipo amuralló un pueblo.

Santiago, Chile.- Camino a Los Andes, en el Cajón del Maipo, hay una muralla cerca del río Colorado. Por fuera se ven algunas retroexcavadoras, polvo, y se escucha ruido. La lógica dice que al otro lado de esa extensa franja rojiza de cuatro metros de altura debe estar el resto de la faena. Pero no, lo que hay dentro es un pequeño pueblo encerrado.

El pueblo tras la muralla se llama El Alfalfal, el cual cuenta con unos 200 habitantes. Fue fundado hace casi 100 años por campesinos provenientes del sur de Chile que ahí, junto al río y rodeados de bosques e impresionantes formaciones rocosas, hallaron el lugar ideal para echar raíces y criar a sus rebaños.

Pasados los años, el lugar resultó ser uno de los siete puntos clave del Proyecto Hidroeléctrico Alto Maipo y quedó en medio de este muro hecho de tablones con aislantes acústicos que obliga a peatones, automovilistas y rebaños a buscar una puerta de salida para abandonar el pueblo. “Estamos totalmente encerrados. Estamos como leprosos o como en una cárcel”, es la queja de Rubén Arenas San Martín, habitante de este pueblo, quien habla desde una colina donde se alcanza a ver el murallón completo.

La empresa AES Gener, en conjunto con Antofagasta Minerals, el brazo minero del Grupo Luksic, está construyendo en El Alfalfal una “cámara de carga”, es decir, un pequeño embalse que almacene agua del río para nivelar las filtraciones que luego viajarán dentro de tubos hacia la planta hidroeléctrica Las Lajas.

Y para ello, según la empresa, la Resolución de Calificación Ambiental del ministerio de Medio Ambiente de Chile los obligó a construir un muro para aislar a la población del ruido y la contaminación. La muralla, en rigor, fue construida para funcionar como una simple barrera acústica o, como sostiene la empresa, como una forma de proteger al pueblo.

“Es algo que la autoridad nos impuso para resguardar a la comunidad”, cuenta Marcelo Grifferos, el representante de la empresa que impulsa el proyecto Alto Maipo, la chilena AES Gener, que años atrás construyó también la polémica planta termoeléctrica Ventas, en la V Región, y que en 2009 fue detenida por la Corte Suprema por considerar ilegal su construcción, ya que no garantizaba el respeto al medio ambiente. Finalmente, tras sucesivas apelaciones, se concretó la construcción y funcionamiento de la planta.

Marcelo Grifferos, quien carga con la responsabilidad de ser la cara visible de la empresa frente a los pobladores, defiende con fuerza sus argumentos en una entrevista dentro de las oficinas de AES Gener acompañado de dos ejecutivas que vigilaron el curso de la charla: “Es una barrera acústica. Es algo que la autoridad nos impuso para resguardar a la comunidad”.

Dentro de las casas se pueden trazar figuras con el dedo sobre las mesas de madera que tienen una fina capa de polvo. Y afuera, en los patios, cuando se sacuden las ramas de los árboles, queda una nube color café. Ocurre lo mismo cuando una niña acaricia a su perro blanco con fuerza. También cuando un campesino sacude su sombrero o alguien agita las cadenas de los columpios de los niños.

Los habitantes del Alfalfal están habituados a llevar sus rebaños montaña arriba hacia la dirección que elijan, a despertar y ver su río, sus paredones de piedra, su bosque. Desde las colinas que rodean el pueblo se ve cómo las casas quedaron metidas en un rectángulo trazado por la barrera acústica, entre la planta hidroeléctrica Alfalfal I -construida durante el periodo de dictadura militar de Chile- y las obras de la nueva cámara de carga.

Con esa imagen frente a sus ojos, Rubén Arenas, un hombre de 56 años, avanza en su relato: “Cuando las paredes no estaban, teníamos vista al río, mirábamos el paisaje. Ahora no tenemos nada. Tenemos que mirarnos las caras nosotros”.

El Alfalfal, desde fines de 2014, permanece confinado dentro de estos murallones acústicos y con máquinas cargando escombros y taladrando piedras al rededor. Y donde estaba una cancha de futbol y un bosque habrá una gran piscina reteniendo las aguas corrientes del Colorado. Es una obra que le cambiará en definitiva la cara al Alfalfal, o “nuestro pueblo”.

Las dinámicas cotidianas de trabajo cambiaron. La barrera acústica obliga a peatones, automovilistas y rebaños a salir por los accesos determinados por la empresa. Según la versión de AES Gener, se colocaron puertas en un costado del muro a petición de las familias que tienen ganado y las usan para entrar y salir con sus rebaños.

“Con mi papá íbamos a pastorear los borregos a las vegas que hay alrededor, eran como cien. Ahora están todos encerrados, no podemos sacarlos porque no tenemos cómo”, dijo una pobladora desde su casa que no tiene una puerta cercana que le permita sacar su ganado del pueblo con facilidad. Ella es integrante del Comité de Allegados y pidió el anonimato para –dijo- no arriesgar el puesto de trabajo de un familiar cercano que trabaja para la empresa constructora.

“He vivido toda mi vida aquí en lo que va quedando de Alfalfal. Era muy agradable vivir acá, ahora este proyecto, Alto Maipo, nos ha cambiado la vida 180 grados”, se lamentó Rubén Arenas, todavía desde la colina, al lado de unas casas que emanan olor a queso de cabra y a sangre fresca de cordero, con campesinos escuchando música, bailando y gritando.

Cuando los pobladores cuentan cuánto les molesta el polvo, generalmente lo hacen mirando hacia el muro que cercó su pueblo, hacia el área de donde proviene el ruido de las máquinas que mueven áridos, durante la tarde de un domingo. Es la parte del pueblo donde antes estaba su cancha de futbol y comenzaba la zona arbolada que Rubén recuerda como “nuestro bosque”.

En la historia reciente, la palabra “alfalfal” hacía más referencia a la planta hidroeléctrica Alfalfal I y sólo hubo noticias de ese pequeño conjunto de casas en 1991 cuando ocurrió un aluvión causado por un desprendimiento de un glaciar y afectó a parte de su población. Desde entonces, ese territorio es considerado zona de riesgo y nadie podía tener títulos de dominio.

Pero llegó Alto Maipo y ofreció “el oro y el moro”.

Encajonados en el Maipo from Ruta35 on Vimeo.

El oro y el moro dividieron a El Alfalfal

En este pequeño poblado de no más de 50 casas que está en la antesala de Los Andes, mirarse a la cara entre unos y otros tampoco nunca fue un problema, al contrario. Pero ahora -según los relatos- los representantes de Alto Maipo, cuando comenzaron a persuadir a la comunidad sobre los beneficios que les traería el proyecto, hicieron tentadores ofrecimientos que algunos aceptaron y otros no. Así se comenzaron a resquebrajar las relaciones entre amigos y familiares.

En este punto toma relevancia el papel de Marcelo Grifferos porque él es el encargado de negociar con las comunidades del Cajón del Maipo. El ejecutivo asegura que AES Gener ofrece al Alfalfal dar asesoría jurídica a las familias para que obtengan sus títulos de dominio que habían buscado por décadas. Para que sean dueños de sus casas y terrenos.

“Lo que ofrecimos fue asesoría legal para tramitar los títulos de dominio. Fue un acuerdo firmado para tramitar nuevos terrenos. La gente mayor nos ha dicho que quiere su título de dominio antes de morir”, dijo Grifferos. Es un servicio de AES Gener ofreció a todos los habitantes del Alfalfal y que si llega a dar los resultados que la empresa prometió, resultaría en un reacomodo de casas que cambiaría la forma del pueblo y dejaría de ser una “toma”, como se ha mantenido desde la llegada de los primeros pobladores.

Por eso Rubén Arenas habla del oro y el moro y de promesas incumplidas, pero la tristeza de este opositor al proyecto contrasta con la felicidad que reina en las casas de las familias que reciben trabajo gracias al proyecto y que ven en éste como una posibilidad para mejorar su calidad de vida y no le dan importancia a la muralla que rodea su pueblo, al polvo que entra en sus casas o al ruido de las máquinas que, como constató Ruta 35, no se queda tras la barrera acústica.

De acuerdo con Marcelo Grifferos, el 70 % de la población recibe trabajo de Alto Maipo, ya sea trabajando en las obras de construcción o prestando servicios de hospedaje, alimentación o lavado de autos.

Según Marcela Mella, representante del movimiento social No Alto Maipo, estas dos caras de la moneda se han visto en el basto territorio del Cajón del Maipo desde el inicio del controversial proyecto. Hay personas satisfechas con los cambios, pero también quienes se sienten engañados porque aún no tienen sus terrenos ni sus títulos de dominio.

Entre las miles de hectáreas que rodean los 67 kilómetros de tubería donde serán conducidos los cauces de los ríos, está el rincón del Alfalfal encajonado por un murallón con sus pobladores ilustrando lo que pasa en el resto de las comunidades, según la activista social.

“La violencia que significa para estas personas que te encierren de la manera en que lo han hecho. Y lo han hecho con la ley porque está contemplado en el impacto ambiental. Son temas que el Gobierno central debería resolver pero lo hace la empresa. La postura del pueblo está cambiando”, dijo.

Los anhelados títulos de dominio solamente pueden tramitarse si antes se retira la prohibición de inundabilidad, y para eso AES Gener prometió la construcción de una barda de piedra protectora en la orilla del río que todavía está en sus inicios. “Es una obra que el Estado no la va a hacer porque es una inversión demasiado elevada para 20 familias y no tiene sentido. Hay muchas otras prioridades para el Estado”, valoró Grifferos.

Así fue como, en un principio, Alto Maipo se ganó el corazón de Alfalfal. Incluso, hay quienes aseguran que el proyecto ofreció dinero para la construcción de las casas nuevas y para remodelar otras. Eso ocurrió hace más de dos años. Eran tiempos felices para ese rincón del Cajón del Maipo que antecede uno de los cruces hacia Argentina a través de la Cordillera de Los Andes.

“Eran tiempos en que la gente estaba a favor de Alto Maipo”, dijo el abogado y habitante del Alfalfal, Claudio Canales.

Las fiestas de Navidad y del 18 de Septiembre –recuerda Canales- eran monumentales y la convivencia entre vecinos que se veían las caras todos los días era cálida. Los espacios públicos eran el lugar común de todos, era un pequeño grupo de casas donde se veían algunas de las imágenes que dan identidad a Chile. Pisco, terremotos (bebida chilena), cuecas, música, cumbias, rancheras, olor a cordero, asados, sopas.

Hoy hay familiares que ni siquiera se saludan porque unos están a favor de la obra y otros no, y el río no se ve desde los patios de las casas y se escucha sólo cuando las máquinas dan tregua. La barrera acústica no parece cumplir su función.

“Cuando fue pasando el tiempo, las casas no estaban construidas, no habían terrenos. Los terrenos ofrecidos no podían ser porque estaban en otras comunidades o cerca de torres de alta tensión. Se constituyó jurídicamente el comité de allegados y comenzó a presionar para averiguar qué estaba pasando”, contó el abogado.

Se formó entonces ese comité con familias opositoras que desconfiaban del proyecto. Sus sospechas fueron confirmadas cuando constataron ante las autoridades que las gestiones de AES Gener no habían iniciado después de meses de las promesas. Así se dividió El Alfalfal.

Se encendió la mecha y nació una segunda inquietud. Si no han pedido el terreno para las casas, “¿estarán haciendo los trámites para alzar la prohibición?, ¿estarán construyendo el muro para lo que dijeron?”, se preguntaban. Entonces nació otra estructura comunitaria, la Junta de Vecinos, que también está en contra del convenio.

Así, en ese poblado de menos de 50 casas formado originalmente por dos familias, hay tres organizaciones comunitarias: Comité de Adelanto (de los que están a favor, y son mayoría), Comité de Allegados y Junta de Vecinos.

“¿Qué hizo Alto Maipo? Nos dividió. Se creó un conflicto tremendo, nosotros hasta el día de hoy no nos podemos ver con otras personas”, dijo la integrante del Comité de Allegados que siente “dolores en la guata” cada vez que tiene que ir a una reunión de pobladores y representantes de Alto Maipo.

El murallón, según los testimonios, ayudó a romper el tejido social del Alfalfal.

Jorge Otorga, poblador, campesino y padre de la niña con su perro blanco lleno de polvo, apenas y accede hablar porque le frustra la situación de su pueblo y la ve con pesimismo. “El polvo y todo lo sufren los niños, uno ya tiene sus años encima, pero ¿y después ellos? Al final llegó el Alto Maipo y unos pa’ allá y otros pa’ acá, con puros conflictos”.

La entrevista a Jorge se interrumpió cuando unos vecinos vieron a un trabajador, con su atuendo naranja, asomándose sobre el murallón. Era domingo y la empresa se había comprometido a no laborar en días de descanso. Comenzaron los reclamos y el trabajador bajó de la barda para quedar fuera de la vista de los pobladores lo antes posible.

“Ahí están gritándoles de nuevo a los que está trabajando. Chuta… ¡Por último que vayan y trabajen en otro lado donde no molesten a la comunidad!” expresó Jorge Otorga.

AES Gener introdujo un sistema de tratamiento de aguas y alcantarillado en el pueblo, que antes tiraba sus desechos al río pero la presencia de los trabajadores, que se hospedan en casas convertidas en hostales, causó que se sobrepase la capacidad de ese sistema, según Marcelo Canales.

Jorge Otorga y sus vecinos más próximos, los que gritaron a los trabajadores, suelen verse obligados a salir de sus casas por el mal olor que despiden las coladeras del drenaje. Era la principal causa de su mal humor en el momento de la entrevista.

Terminada la jornada laboral, un grupo de trabajadores entró al pueblo por la puerta principal y lo cruzó caminando lentamente. Se notaban relajados, bromeaban entre ellos. El murmullo de este grupo de unas 20 personas se diluyó cuando comenzaron a repartirse en las casas donde cada uno se hospeda. Dejaron atrás las miradas de recelo que les lanzaban en la calle y entraron a la calidez de los hogares donde son recibidos a cambio de plata.

En opinión de Claudio Canales, la historia reciente del Alfalfal dejó en evidencia que una empresa puede suplir al Estado chileno y encargarse de negociar directamente con los ciudadanos e, incluso, prometerles cambios en las políticas públicas, como el tema de la prohibición de inundabilidad.

“Cómo una empresa puede llevar adelante un proyecto con expectativas totalmente falsas. Un proyecto de interés nacional te permite vulnerar las normas que a nosotros sí nos rigen. Esto es un proyecto de interés nacional, por lo tanto, pueden cortar miles de hectáreas de árboles, pueden intervenir pueblos completos porque es importante para la nación”, opinó el abogado.

El efecto Luksic

El proyecto Alto Maipo tiene el objetivo de generar 190 megawatts para el Sistema Interconectado Central, pero los opositores creen que la mayor parte de la producción sería destinada hacia proyectos mineros del empresario Andrónico Luksic, dueño de la minera Los Pelambres, que a su vez es dueña del 40 % de las acciones Alto Maipo.

Sobre eso, AES Gener, la segunda mayor generadora de energía de Chile, tras Enersis, y socia en el negocio respondió:

“Nosotros como empresa tenemos un acuerdo de venta de energía a la minera Los Pelambres. Los contratos de energía en general cuando tu pactas son contratos a largo plazo porque estos proyectos de alto consumo lo que necesitan es estabilidad, tener asegurado que van a tener la energía por muchos años porque si no, no se les hace viable. Nosotros tenemos un acuerdo comercial con ellos de venta de energía pero no significa que necesariamente parte de la energía se vaya para allá”, dijo Marcelo Grifferos.

El movimiento social que se opone a Alto Maipo interpuso un recurso de protección donde cuestiona la prolijidad de la calificación ambiental del proyecto. Y principalmente se basa en un estudio del académico Andrei Tchernitchin, publicado en enero de este año que revela “altas concentraciones de metales pesados y altas concentraciones de elementos tóxicos en las aguas cercanas a las faenas de excavación de túneles”.

Plomo, molibdeno, manganeso, hierro y arsénico son los metales pesados que el especialista afirma haber encontrado en las obras de Alto Maipo.

El recurso legal, que fue presentado por Marcela Mella, afirma que Alto Maipo “vulnera flagrantemente la Resolución de Calificación Ambiental otorgada al Proyecto”.

El 12 de mayo pasado la Corte de Apelaciones falló a favor del recurso de protección y el proyecto Alto Maipo apeló esa decisión ante la Corte Suprema. De no haberlo hecho, se hubiera obligado a la Superintendencia del Medio Ambiente a realizar una investigación para determinar por qué hay metales pesados en los afluentes del Cajón del Maipo (principal abastecedor de agua de la zona metropolitana de Santiago, la capital de Chile) que podría suspender las obras de Alto Maipo “en tanto ello no sea subsanado con el fin de eliminar las fuentes contaminantes”, dice el texto del fallo.

Los magistrados de la Suprema Corte todavía no discuten el tema. Sigue abierta la disputa jurídica entre pobladores y le grupo empresarial, con presencia de uno de los empresarios más prominentes de Chile.

El proyecto Alto Maipo tiene un avance aproximado del 30 %. Grifferos está convencido de que se va a concluir, y de que las personas estén a favor o en contra deben aceptarlo. “Hay muchas miradas y creemos que así tiene que ser. Lo importante es compatibilizar esas miradas. No podemos estar todos de acuerdo pero tenemos que entender que este proyecto se va a construir”, aseguró.

Otra razón por la que aceptaron la construcción del muro fue que sería retirado en un plazo de dos años, es decir, pronto. Pero la construcción de la Cámara de Carga aún no comienza. Grifferos informó que se quitará en octubre de 2017, según la calendarización del proyecto.

Dentro de la barrera acústica no existe el ambiente que se percibe en la colina, fuera del murallón, y la presencia de los niños jugando en la única calle del Alfalfal fue suplida por avisos de precaución a conductores y topes para disminuir la velocidad.

Lo que pasa en El Alfalfal es, en opinión de Canales, “la visión comercial de un país completo”.

3 Comentarios

  1. SEÑORA PRESIDENTA DEJE DE ROBAR AL PUEBLO LO QUE ES DEL PUEBLO L AGUA ES NUESTRA , ALTOMAIPO NOS LA ESTA ROBANDO , EL ALFALFAL ES UN PUEBLO PEQUEÑO HERMOSO Y MUY ACOGEDOR ,,,, BASTA , BASTA , BASTA ,A DESTRUIR CON TODO LO QUE ENCONTREMOS ESA MALDITA EMRESA QUE ESTA CONTAMINANDO NUESTRA AGUA Y DESTRUYENDO EL PULMON DE SANTIAGO

  2. No es de extrañarse lo que hacen los gobiernos y el estado de Chile con nuestra tierra, jamás han protegido el medio ambiente y menos a las personas que habitamos en este territorio, solo ven el lucro en todo, venden el país a cada rato.. Pero ya se acercan las votaciones (alcaldes y luego las presidenciales, o sea cual sea) y es ahí donde debemos actuar y mandar a todos estos malditos y corruptos políticos al carajo.
    Que bonito es darse cuenta como este Estado de Chile ama y protege a sus ciudadanos.

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